Jorge Steven López y Matthew Shepard: Dos crímenes, un mismo motivo

Contributed by Jorge A. Colón Ortiz N/A
September 16, 2010
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The Murder of Jorge Steven López Mercado

Clínica de Asistencia Legal sobre Discrimen por Orientación Sexual e Identidad de Género

  

¿Quién llegó alguna vez a pensar que las historias de Jorge Steven López Mercado y Matthew Shepard compaginarían en algún sentido, en alguna instancia?

Ciertamente no fueron personas nacidas en el mismo contexto social y cultural, ni nacieron dentro de familias con similar posición económica. Mas sí son víctimas del prejuicio social antes y después de su muerte. Son víctimas del odio.

Matthew Shepard era un joven de 21 años estudiante de la Universidad de Wyoming, ubicada en la ciudad de Laramie. El 7 de octubre de 1998, Matt (como le decían sus allegados) fue llevado por dos hombres a las afueras de la ciudad de Laramie, donde lo ataron a una verja y lo golpearon hasta dejarlo en estado comatoso. Matt se mantuvo atado a aquella verja por un período de 18 horas hasta que un ciclista que pasaba por la zona lo encontró creyendo que era un espantapájaros. El 12 de octubre de ese mismo año el joven murió en un hospital de dicha región. Los asesinos de Matt, Aaron McKinney y Russel Anderson, fueron ambos condenados a dos cadenas perpetuas consecutivas.

Jorge Steven López Mercado era un joven de 19 años, residente del municipio de Caguas, Puerto Rico. El 13 de noviembre de 2009, Jorge Steven fue asesinado, decapitado, desmembrado y parcialmente quemado por su asesino confeso. Los hechos ocurrieron en la ciudad de Cayey, Puerto Rico. El juicio sobre el caso de Jorge Steven aún no se visto.

Comencemos observando las características más superficiales que pueden establecer similitudes entre ambos. Tanto Jorge Steven como Matt eran jóvenes delgados, de un carácter afable, simpáticos y muy queridos por sus allegados. Además eran abiertamente homosexuales y contaban con la aceptación y apoyo de sus respectivos padres. Ambos jóvenes fueron brutalmente asesinados en una zona alejada del centro de la ciudad.

Sin embargo, lo que hace particularmente interesante este tema, son las reacciones posteriores al asesinato por parte de sus asesinos y de la comunidad en general.

Los asesinos de Matt confesaron que la golpiza que le dieron era una forma de demostrarle que no se debía meter con los heterosexuales. Por su parte, el asesino de Jorge Steven, Juan Martínez Matos, confesó que lo asesinó luego de que se diera cuenta de que era un hombre y no una mujer, sexo con el que supuestamente lo asociaba por la ropa que llevaba puesta. Esto coloca como punto homogéneo el odio particularizado hacia este sector.

Por otro lado, debido a los prejuicios hacia este grupo, de inmediato se levantaron cuestionamientos sobre la moralidad y la inocencia de ambas víctimas. Aunque resulte despreciable tal afirmación, en el caso de Jorge Steven, el oficial investigador del asesinato, Ángel Rodríguez Colón, adujo públicamente a que la víctima tuvo un grado particular de responsabilidad en lo que sucedió. Específicamente dijo: “Este tipo de personas cuando se meten a esto y salen a la calle saben que esto les puede pasar”. Por su parte, en el caso de Matt, los argumentos dirigidos a responsabilizar a la víctima establecían que éste se le insinuó sexualmente a los asesinos y esto constituía una provocación que regularmente redundaba en conductas violentas.

Ambos crímenes también generaron cuestionamientos acerca de la orientación sexual de los asesinos, al punto de que en el caso de Jorge Steven, su asesino pidió a la prensa del país que le dijeran al pueblo que no era homosexual.

El asunto del posible uso de drogas por parte de los asesinos también es un punto de intersección de ambos casos. En los medios estadounidenses se discutió en varias ocasiones la posible adicción de McKinney a la Metanfetamina, mientras que en el caso de Martínez, se cuestiona si la comisión de tan brutal asesinato estuviera ligada también al uso de alguna sustancia controlada como la cocaína.

De otro lado, Martínez confesó a la policía que mientras cumplía una condena en la cárcel por violación a la ley de violencia doméstica, fue abusado sexualmente por alguno de sus compañeros. Por su parte, en el caso de Anderson, este proviene de un hogar que estuvo plagado de problemas de violencia y alcoholismo, mientras que McKinney sufrió graves problemas de adicción luego de la muerte de su madre. Es el carácter escabroso del pasado de los asesinos lo que también genera coincidencias en ambos casos.

Tanto a Jorge Steven como a Matt los ligaron con el uso de drogas. El caso de Jorge Steven se ha tenido que enfrentar a los rumores de que el joven se prostituía, lo que ha generado un sentimiento de confusión y debate moral en la población. Por su parte, en el caso de Matt, poco tiempo después de la salvaje golpiza, se descubrió que el joven estaba contagiado con el virus del HIV y un conocido de Matt expresó que éste le había manifestado su deseo de suicidarse.

Todos estos elementos hacen de dichos eventos unos plagados de cuestionamientos sociales y justificaciones vagas en cuanto al proceder de los victimarios, pero que definitivamente crean duda en aquellos sectores de la sociedad profundamente sumergidos en ciertas concepciones religiosas y morales que a veces tienen más peso que la violencia misma.

Gay Panic Defense

El “gay panic defense” es una defensa jurídica que busca establecer que el asesino tuvo un lapso de locura atado a un estado de violencia que provocó que perpetrara el ataque. Dicha defensa nace de la débil teoría psiquiátrica esbozada por el doctor Edward J. Kempf en 1920. La teoría establece que la persona sufre una breve sicosis que le genera alucinaciones y reacciones violentas en la cual acusa a otras personas de la comisión de actos homosexuales.

No obstante, dicha defensa no ha podido configurarse de forma homogénea y sólida en los distintos foros de los Estados Unidos en los que se ha planteado.

Aaron McKinney levantó en juicio dicha defensa al alegar que golpeó a Matt porque éste le acarició su muslo en dirección hacia sus genitales, sin embargo la corte rechazó este argumento.

En el caso de Martínez, de sus declaraciones se desprende la misma defensa. El presunto asesino manifestó que el recuerdo del incidente en la cárcel lo llevó a perpetrar tan cruento acto cuando se percató de que Jorge Steven era un hombre y no una mujer. Aún queda por ver si los abogados de defensa esbozaran dicho argumento en la corte local.

A pesar de la abundante coincidencia en las circunstancias que rodean los casos y el análisis moral y religioso que desvirtúa los sucesos, también ha habido un lado de concordancia desde el punto de vista positivo: la reacción de la prensa y la comunidad ante un crimen de esta envergadura. Tanto en el caso de Matt como en el de Jorge Steven, la cobertura mediática ha sido intensa, y la comunidad homosexual y en general se ha desbordado en expresiones de repudio hacia dichos crímenes por medio de manifestaciones, marchas y vigilias.

En resumidas cuentas, tanto los elementos positivos como negativos del comportamiento reaccionario que generan estos tristes pero importantes sucesos, ayudan a darle un matiz homogéneo al análisis y a entender que los prejuicios y discusiones públicas son muy parecidas en las distintas comunidades.